¡La ciencia de una amistad!

En un centro de investigación ubicado en Hungría, a orillas del Danubio, comenzó a crecer un vínculo emocional entre un conserje nocturno ya mayor y un viejo perro de vigilancia llamado Balthasar, que vivía allí. En ocasiones, el animal pasaba el día en casa del portero. «Desgraciadamente, esta relación duró solo unos meses, pues el conserje enfermó y, finalmente, murió», escribe Vilmos Csányi, fundador del Departamento de Etología en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, en su libro If dogs could talk («Si los perros hablaran»). Poco después de la muerte del conserje, los investigadores del centro advirtieron que Balthasar desaparecía de vez en cuando, sobre todo por las mañanas. «Seguimos al perro para saber qué hacía durante esas ausencias», explica Csányi. «Descubrimos que cruzaba la muy transitada autopista para ir a la casa de su amo adoptivo en el pueblo, donde permanecía sentado durante horas.»

Las relaciones entre el ser humano y el perro han protagonizado innumerables y fascinantes historias; no precisamente porque se trate de vínculos poco frecuentes. Observe a su perro o a cualquier otro can del vecindario. ¿Cree que puede convertirse en su mejor amigo? Sin duda, estos animales son muy diferentes a nosotros; se comportan de manera distinta, no parecen afines a la cultura y no saben pronunciar ni una sola palabra. Sin embargo, la mayoría de las personas de las sociedades occidentales consideran a los perros auténticos miembros de la familia. En la actualidad, la ciencia comportamental comienza a arrojar luz sobre cómo se forjó esta amistad.

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